“Las circunstancias extremas requieren medidas extremas.”
Chris Pratt es Chris Raven en este thriller de ciencia ficción donde se nos presenta una Justicia en la que la IA impone las leyes de manera implacable.
En un futuro no tan lejano, los crímenes de sangre se juzgan en 90 minutos a través de una jueza de Inteligencia Artificial -Rebecca Ferguson- que, con acceso ilimitado a toda la información e imágenes existentes en la Red, determinará la culpabilidad o inocencia e impondrá en su caso la pena capital al reo de manera inmediata.
"Seamos humanos o IA, fallamos y aprendemos de los errores."
La trama, a tenor de los hechos que en el panorama geopolítico se están dando, no parece ser tan cercana a la ciencia ficción como podríamos intuir. Quizá, quién sabe, la elección de un director ruso haya podido ser la más "adecuada".
Junto a Ferguson y a Pratt, que por cierto se pasa la práctica totalidad de la película sentado en el sillón del acusado, vemos a la bella actriz británica Annabelle Wallis, (“La Momia”, “Annabelle: Creation”...) en el papel de la malograda esposa del detective Raven.
Por su parte, los efectos especiales -que como en la mayoría de obras cinematográficas de ciencia ficción son fundamentales- hacen que el espectador tenga una sensación de inmersión junto al protagonista, a modo de realidad virtual durante las recreaciones que vive en el juicio en el que antes de una hora y media deberá probar su inocencia.
En definitiva, el personaje de Chris Pratt lucha contrarreloj frente a un sistema nada garantista que ha defendido y que juzga sus cargos con mayor celeridad que el reciente juicio de nuestro Fiscal General del Estado...
Raúl Cabral.
Puntuación personal: 6,5
















